Toda historia tiene un comienzo y todo blog también tiene el suyo. Hoy doy pie a lo que espero sea una forma didáctica y amena de corregir una de mis muchas dejadeces. La Ortografía. Sí, y escribo Ortografía con mayúscula porque según la RAE, los sustantivos y adjetivos que forman el nombre de disciplinas científicas, cuando nos referimos a ellas como materias de estudio, y especialmente en contextos académicos, se escriben con mayúscula.
Parece mentira que en la Era de las Comunicaciones y de la información masiva tengamos que seguir acudiendo a libros de escuela para poder corregir vicios tan deshonrosos como este, el mío. Vicio tan vil que ya me trastorna hasta el habla cotidiana, porque ya no sé cómo se pronuncian muchos de los pensamientos que pasan por mi mente y que mi boca sinvergüenza, esputa de mala manera.
No achaco mis debilidades lingüísticas solo a una dejadez de una cabeza ocupada en el sinfín de tareas cotidianas y preocupaciones varias, también culpo a esta máquina de escribir que ya no mancha los dedos de tinta, y que se encarga como duende de corregir tus errores sin que tú te des cuenta. ¿Dónde está el olvidado bolígrafo con el que jugábamos en el cole? Se han vuelto tan codiciados que ahora donde único los veo es atados a las ventanillas de los bancos, y qué raro, ya hay algunos que ya no llevan tinta.
Mi clamor es hacia esas personas que escriben sus bagatelas en cualquiera de los clústeres de la red y que lo hacen sin primero verificar su ortografía. Son muchas las veces que he tenido que acudir a un diccionario para quedarme seguro de lo que acabo de leer, para después exclamar al cielo por un poco de sentido común para aquellos que lanzan patadas al diccionario, como el mismísimo Messi patea balones a puerta en un entrenamiento de lunes. ¡Señores! Existen diversos programas de texto que te corrigen, para bien o para mal, las faltas de ortografía.
No está mal como propósito para este año que empieza a correr ya desde el primer mes y que ni siquiera nos deja calentar un poco.