Hablando desde la propia experiencia y habiendo invertido gran parte de mi “copiosa fortuna” en muchos modelos de zapatillas para correr en busca de una llegada a meta sin dolores, sin preocupaciones, sin esos segundos o minutos que queremos dejar atrás cuando apresuramos el ritmo, os aseguro que todavía sigo con dolencias y sin poder recuperar esos segundos.
Ahora no voy a dejar de correr con zapatillas, ya que la bendita evolución de las zapatillas ha hecho de mis pies una princesa de guisante bajo el colchón. Lo que sí he empezado a hacer es entrenar poco a poco descalzo o semidescalzo con el fin de acostumbrar a mis pies a su movilidad natural. ¡Quiero ser un hombre Neandertal! Ya corro descalzo y con taparrabos detrás mi presa (mi mujer) por toda la casa… por ir practicando un poco…jejeje.

