Esta mañana he ido a por unos artículos de ferretería, el no tener trabajo remunerado hace que mi mujer me tenga trabajando a jornada completa. ¡Bendito yugo familiar! Mientras hacía espera en el hall de la ferretería he hecho lo que hacemos todos cuando estamos esperando. He empezado a leer todo lo que se ponía delante de los ojos: oferta de pintura plástica, alquiler de maquinaria por horas, pintor de casas a domicilio (jiji este es mío), en este establecimiento no se fía, y … ¡SE HACEN TRABAJOS DE BRICOLAGE!
Me he quedado sin palabras, he tenido que leerlo dos veces más para darme cuenta. Creo que los hechos cotidianos como este, acaecidos en mi vida han hecho de mí un escritor de pésima calidad ortográfica. ¿Cómo van a aprender los niños a escribir correctamente si están rodeados de una ingente cantidad de errores gramaticales?
Después de reflexionar un instante en casa con una taza de café en la mano, he decidido ser un superhéroe, me voy a convertir en “Correctorman” o en “Ortografíaman”, el nombre es lo de menos. Voy a salvar a los niños y los no tan infantes del mundo, bueno del barrio, de los errores ortográficos que les puedan acechar detrás de una esquina, en una ferretería o escondidos en un banco del parque.
Me he comprado un rotulador permanente rojo, como el de la profesora de lenguaje y una capa a juego, qué superhéroe sería sin capa. Y a partir de mañana me voy a ir a la calle a luchar contra el crimen, a corregir todas las faltas de ortografía que encuentre, hoy no puedo, tengo unas estanterías que colocar.

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